CANELA PARA LOS OÍDOS

Hace poco me pidieron que escribiera un relato. Unos familiares de mi chico tienen un cafetín-degustación de café donde quieren recopilar una serie de escritos realizados por la gente habitual del local, amigos y familiares. La idea es hacer un concurso y publicar un libro que reúna toda la colección de escritos, cuyos beneficios irán destinados a una causa benéfica.

El tema principal del relato debía ser la propia cafetería, lo que significaba para el autor, el café, el ambiente del local o las historias que allí suceden día a día. Y ya me conocéis: no pude negarme. Gustandome escribir como me gusta, me comprometí a enviarles un relato. Y ahora quiero compartir con vosotros el resultado, a ver si os gusta 😉

CANELA PARA LOS OÍDOS

Café solo. Con hielo. Un azucarillo.
Es lo que tomo cada mañana desde hace casi siete años.
Vengo aquí, a mi mesa del rincón, y me siento a escribir. A intentar escribir.
ES el único lugar de toda la ciudad donde soy capaz de hilvanar una frase con otra. Desde hace siete años no he podido escribir casi nada que tenga un mínimo de sentido.
Antes mi vida era sencilla. Iba a trabajar. En el periódico sabía cual era mi papel: acudía a las ruedas de prensa, entrevistaba al personaje de turno. Políticos, actores o empresarios… Nadie escapaba a mi grabadora y mi bloc de notas. Volvía a la redacción y me sentaba frente al ordenador. Aporreaba el teclado con energía, como poseído por una fuerza que me impulsaba a escribir hasta que las palabras en la pantalla formaban la idea que previamente había creado en mi cabeza.
Y lo hacía bien. Mis jefes me felicitaban, mis compañeros me envidiaban.
Incluso una vez gané un premio. Nada importante, solo una mención especial del jurado en los premios regionales de periodismo.
Pero era feliz.
Hasta que la conocí a ella.
Entonces mi mundo se volvió del revés, y nada fue como había sido hasta entonces.
La vi entrar por esa misma puerta, hace casi siete años, para pedir un café solo. Lo tomaba como yo: con hielo y un azucarillo.
Me fijé en ella nada más oír su voz. Era como terciopelo líquido. Como la canela en la espuma del café, al deslizarse sobre la lengua. Era miel para los oídos. Un placer para los sentidos, puramente sensual.
Yo traté de concentrarme en el relato que estaba escribiendo en aquel momento. Me gustaba bajar a la cafetería para sentarme aquí, en mi mesa del rincón. Aquí siempre conseguía relajarme y concentrarme. Los mejores relatos y artículos los he escrito en esta mesa, en este rincón.
Pero desde que escuché su voz aquella primera vez ya no pude concentrarme.
En el trabajo me distraía pensando en ella. En casa recordaba la calidez y el timbre de su voz, como chocolate líquido. Y en el café… En el café pasaba las horas muertas escribiendo, o más bien haciendo que escribía, cuando en realidad estaba esperando a que ella volviera a entrar por la puerta y pidiera su café. Solo, con hielo y un azucarillo.
No volvió a hacerlo.
Esperé y esperé. Durante meses, años, regresé a mi mesa del rincón, con mi libreta y mi bolígrafo. Pero no volví a verla.
Traté de escribirle un poema. Tal vez si sacaba lo que me devoraba por dentro, si reflejaba lo que sentía en un papel, así consiguiera exorcizarla y sacarla de mi cabeza.
No funcionó.
Durante un tiempo dejé de tomar el café solo, con hielo. Probé a tomarlo como lo hacían el resto de habituales del café, la especialidad de la casa: café con leche y un toque de canela.
Pero no lo resistí. La leche era tan cremosa como el tono de su voz. La canela me recordaba demasiado a la sensualidad que emanaba de sus palabras.
Y volví a mi café solo, con hielo.
Traté de escribir un relato de amor, con ella como protagonista. De ese modo, pensé, conseguiría como escritor satisfacer sobre el papel las frustraciones que sentía como hombre.
No funcionó.
El relato ganó varios premios, además de algún que otro suspiro entre el personal de la cafetería. Pero más allá de engordar mi ego de artista, no consiguió su objetivo.
Ella no volvió.
Hasta ayer.
A primera hora del día, mientras despertaba mis sentidos con el primer café de la mañana y trataba de buscar un nombre que se adecuara a la protagonista de mi relato, ella apareció de nuevo.
Escuché su voz, pura canela sobre chocolate caliente.
Pero para mi sorpresa, esta vez pidió dos cafés, solos, con hielo.
Cuando alcé la vista para mirarla, mi mundo se vino abajo.
Esta vez ella no venía sola. A su lado, un atlético hombre sonreía y deslizaba un brazo posesivo alrededor de la cintura de ella, que lucía un vientre visiblemente abultado.
Sentí mi mundo tambalearse. Yo, que siempre había vivido de las palabras, no encontré la forma de expresar lo que sentía en ese momento.
Siete años esperando. Siete años tirados a la basura. Palabras nunca dichas. Relatos nunca escritos.
Hoy he vuelto al café. A mi mesa del rincón. Con mi libreta y mi bolígrafo.
Sin mis palabras.
Ya no tengo ideas. Estoy vacío.
Así que degustaré mi café solo, con hielo y un azucarillo.
Y esperaré a que la musa regrese.

Fin.

Anuncios

11 pensamientos en “CANELA PARA LOS OÍDOS

  1. LA Kami Con K

    te a quedado genial. me encantó. aunque tengo una fuerte sensación de haberlo leído en algún otro lado antes. talvez lo publicaste en algún otro momento, no se. pero estoy segura que a este hermoso relato yo ya lo conocía. te felicito, escribes muy bien.

    Responder
    1. Patricia Carrascal Autor de la entrada

      Hola, Kami! Gracias por tu comentario. Lamento decirte que es completamente imposible que este relato lo leyeras en otro lugar antes de publicarlo en el blog, ya que me lo encargaron hace unas pocas semanas y lo escribí la semana pasada. El único sitio donde lo he publicado ha sido aquí, por lo que resul´ta imposible que lo hayas leído en otra parte, jejeje. ¿Quizás se trató de un texto parecido? Yo te puedo asegurar que el mío lo insppiré en la cafetería de mis familiares, y que no lo copié de ningun sitio… Es 100% original mío, salido de mi cabeza 😉
      ¡Un abrazo y gracias por comentar!

      Responder
  2. Francisco

    Buscaba paz y tranquilidad en aquel rincón del café y lo que su espíritu sediento de amor encontró fue desasosiego. Me gustó mucho. Un saludo. Francisco.

    Responder

Y tú, ¿cómo lo ves?

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s