Jugando a ser actriz

Toda mi vida, desde que tengo uso de razón, recuerdo haber soñado con ser actriz. Cuando era pequeña jugaba a disfrazarme con mis primos y les obligaba a aprenderse breves historietas que yo inventaba. Buscábamos en el viejo desván de la abuela Teodora, entre los uniformes del ejército del tío Manuel -que en paz descanse, el pobrecito-, y las cofias y delantales que utilizaba la abuela cuando servía en la casa del alcalde.
Nos lo pasábamos pipa. A veces inventábamos que la sirvienta se enamoraba del oficial y se fugaban juntos, quizás porque lo habíamos visto en alguna película de la televisión, de esas que tanto le gustaban a la abuela. Otras veces organizábamos una función destinada a toda la familia. Esas eran las mejores. Juntábamos a todos los tíos, primos, abuelos y hasta vecinos, y hacíamos nuestra representación.
Cómo nos aplaudían todos. Y a nosotros, ¡cómo nos gustaban esos aplausos!
Desde entonces creo que tengo claro que quiero ser actriz.
Pero últimamente, parece que todo se pone en mi contra. El otro día fui por enésima vez a una de esas pruebas. Buscaban a una chica joven para un anuncio de perfume.

“Nos gusta tu pelo, pero…” (Me lo temía, siempre hay un “pero…”) “… Eres demasiado mayor para este papel.”

¿Demasiado mayor? ¡Pero si aún no he cumplido los 30!
Es deprimente.

Voy a otra prueba. Esta vez me ha recomendado mi amiga Mº Ángeles, que dice que buscan a una mujer joven, estatura media, de aspecto maternal para un anuncio de suavizante. Vamos allá…

“Nos gusta mucho tu voz y tu expresión corporal, pero… (Dios mío, ¿y ahora qué?) “…pero eres demasiado juvenil, no das el pego de madre”.

¿En qué quedamos? ¿Soy demasiado mayor o demasiado joven? Aclárense, señores.

He visto en el periódico que buscan una mujer de pelo oscuro para interpretar a la madrastra de Blancanieves en una función infantil. Me presento, y a ver qué pasa.

“Es que… no tiene usted cara de madrastra, la verdad. Es demasiado… dulce, ¿entiende?”

¡Qué voy a entender! ¿Demasiado dulce? ¡Pero si yo hice el papel de Maléfica cuando representamos La Bella Durmiente en el instituto! Aunque en aquella ocasión, la profesora me puso un suspenso, por cierto. Pero es que La muy zorra me odiaba porque yo salía con su hijo, y eso jugaba en mi contra.

En fin. Parece que soy demasiado joven, demasiado mayor, demasiado dulce, demasiado agresiva, demasiado alta, demasiado baja, demasiado morena, demasiado femenina y demasiado mujer para hacer cualquier cosa.

Me marcho a llorar a mi casa. Esto de jugar a ser actriz me agota, y creo que no se me da bien, como casi nada. Será que soy demasiado soñadora, demasiado optimista, demasiado ingenua…

Pero entonces, ¿qué coño hago ahora con mi vida?

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