El miedo

“El miedo hiere más que las espadas. El hombre que teme la derrota, ya ha sido derrotado.”

Es una de las frases emblemáticas de Juego de Tronos. La pronuncia el personaje de Sirio Forel, cuando está enseñando a luchar a la joven Arya Stark.

Si lo piensas bien, es cierto. El miedo nos paraliza, nos vence. Nos atrapa y no nos permite dar un solo paso más, por temor a caer.
Se podría decir que el miedo, nos incapacita.

Mi amiga Paz estudió veterinaria. Le apasionaban los animales y quería dedicar su vida en cuerpo y alma a cuidarlos, a estudiarlos, a entenderlos. Le gustaban tanto, que durante la carrera, no dudó en ponerse a trabajar en una tienda de mascotas, para irse familiarizando con ellos.
Cuando por fin terminó la universidad y obtuvo su título de Veterinaria, como no encontraba trabajo de lo suyo, siguió trabajando en la pequeña tienda de mascotas. No era exactamente lo suyo, aquello para lo que se había estado preparando tantos años, pero al menos estaba relacionado, y tenía para ir tirando, ir pagando el alquiler.

Al cabo de un año estaba harta de estar en la tienda, pero como no conseguía encontrar trabajo en ninguna clínica, continuó aguantando. “Quizás el mes que viene…” “¿Quién sabe? A lo mejor pronto me llega la oferta de mi vida”, pensaba.

Paz terminó aborreciendo la tienda. Iba cada mañana con un gran peso sobre sus hombros, como si trabajar allí fuese una auténtica condena. Todos le decíamos que lo dejase, que si tanto sufría yendo a aquella tienda, que se marchara definitivamente y se dedicase a buscar en serio otra cosa. Pero ella decía que no lo entendíamos, que allí al menos tenía contacto con los animales, lo que más le apasionaba, y aunque tuviera que aguantar los desplantes de su jefe, a los pesados de los clientes, el horario tan esclavo de la tienda… Que prefería seguir esperando.

Cada vez estaba más delgada. A penas comía ni dormía. Solo vivía para ir a la tienda, atender a los clientes, aguantar a su jefe y volver a casa muerta de cansancio cada noche para acostarse y volver a levantarse al día siguiente.

Un día por fin llegó su gran oportunidad. Porque todo en esta vida llega a su fin, y antes o después, todo esfuerzo obtiene su recompensa, como tanto se empeñan en decirnos nuestras abuelas. Un día a Paz la llamaron para cubrir una plaza en la Clínica Veterinaria más importante de Barcelona. Buscaban a alguien joven para emprender un nuevo proyecto, junto con otros jóvenes prometedores de su generación.
A Paz se le vino el mundo encima. Por fin tantos años de esfuerzo y sacrificio, de aguantar a los pesados de los clientes y al manipulador de su jefe, de madrugones, de no tener vida personal, por fin todo ese esfuerzo había servido para algo. Pero ese algo estaba en otra ciudad, muy lejos de su casa, de su familia, de sus amigos.
¿Cómo iba a marcharse y dejarlo todo para irse a Barcelona? NI siquiera había viajado nunca ella sola. ¿Cómo iba a sobrevivir sin conocer a nadie en una ciudad extraña?

Estuvo varios días debatiendo consigo misma, dándole vueltas a los pros y los contras, sopesando lo que podía ganar si se marchaba a Barcelona, a trabajar en aquella prestigiosa clínica. Podría formar parte de un novedoso proyecto, trabajar codo con codo junto a otros veterinarios, aprender, crecer profesionalmente…
Pero eso suponía dejar atrás todo aquello que conocía, todo su mundo, todo lo que le era familiar y querido. Sería como un pececillo fuera de su acuario, como un cachorro perdido en medio de una gran ciudad.

Así que tras mucho meditarlo, Paz acabó por rechazar la oferta, y se quedó en la tienda de mascotas, atendiendo a sus clientes de toda la vida y aguantando al pelmazo de su jefe, que en el fondo, se alegró de que ella no se marchara, porque así tenía a quien seguir dando órdenes.

El miedo que Paz tenía a cambiar de ciudad, a marcharse y empezar de cero dejándolo todo atrás, fue más fuerte que sus deseos de crecer como profesional, y le hizo incapaz de luchar por su sueño. Dejó que el miedo la dominara, que no le dejase avanzar, y cometió el error más grande de toda su vida.

A los pocos meses de haber rechazado la oferta de la clínica de Barcelona, mi amiga Paz acabó quitándose la vida, en el cuarto de baño de un diminuto apartamento alquilado, sola, rodeada por sus tres gatos y su hámster.

Anuncios

4 pensamientos en “El miedo

  1. Jesús Barbero

    uff, esta historia me ha dejado con la piel de gallina. A veces, el miedo nos impide cumplir nuestros sueños, pero creo que es bueno vencer nuestros miedos, aunque cueste, pues luego la recompensa será mayor.

    Responder
  2. Anonimo

    Leí algunos de estos relatos, éste particularmente triste. Muchas veces la realidad suena a ficción. Encantado de encontrar uno de estos refugios literarios en internet.

    Responder

Y tú, ¿cómo lo ves?

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s