Palabras que hieren

Palabras vacías. Palabras que hieren. Palabras. Solo palabras. Y sin embargo…

Parece imposible pensar que una palabra que empieza con algo tan dulce como la miel pueda dejarte helado.

Siete letras. Siete golpes directos al alma. Como un disparo que te hiela la sangre.

Miel…

…Mieloma.

Y el mundo se detiene. Por unos segundos, tu cerebro colapsa y eres incapaz de procesar ese sonido.

Mieloma.

Repites la palabra en tu cabeza. ¿Cómo algo que suena tan bien, casi inofensivo, puede causar tantísimo daño?

Luego lo niegas. No puedes creer que lo hayan dicho. Que esa sea la palabra.

Miel. Mieloma.

Siete letras que sueltas no son nada. Siete letras que juntas, suponen el peor de los infiernos.

Palabras vacías. Palabras que hieren. Palabras. Solo palabras. Y sin embargo…

Sabes que por más que luches, no hay solución. Quizás eso sea lo peor. Comprender que ya no se puede hacer más. Que por más que lo intentes, el final será el mismo.

Mieloma.

Y mueres un poco por dentro.

Nunca pensé que una sola palabra pudiera doler tanto.

Ha pasado casi un mes desde que te fuiste, y aún no puedo creer que todo haya acabado.

Treinta días que han sido los más largos de mi vida.

Pero me niego a decirte adiós. Porque sé que estés donde estés, continúas cuidándonos.

Este quizás sea el post más difícil que haya escrito. Pero va dedicado a ti, que siempre creíste en mí.

Porque sé que a pesar de todo, estabas orgulloso de tu nieta.

Siempre te querré, abuelo.

Ahora descansa.

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5 pensamientos en “Palabras que hieren

  1. -Alchemist-

    Hola, hace como un mes que descubrí tu blog y me encantó. Soy una estudiante de preparatoria. Vivo en México y quiero ser escritora. Me gusta la manera en la que describes las cosas y tus expresiones. Es difícil aceptar y acostumbrarse a la idea de ya no volver a ver o estar con ese alguien especial. No puede decirte que te entiendo porque cada quien siente las cosas de diferente manera. Me encantó el escrito y espero de todo corazón que te sientas mejor pronto.

    Atte.
    -Alchemist-

    Responder
  2. Rosa

    Al final te sacaste la espinita que llevabas clavada desde que se fue. Eres una artista de la palabra y emocionas con cada cosa que escribes. TQ

    Responder
  3. annabolox

    Es una lástima que no haya encontrado tu blog hasta ahora. Me hubiera venido tan bien saber de él antes…

    Me has conocido por Twitter y yo a ti también, me has dicho que te gusta mi blog y yo te he dicho que me gustaba el tuyo. Ahora te cuento que no sólo por cómo escribes (que lo haces muy bien), sino por el contenido. Es tan optimista, tan esperanzador… Voy a contar aquí lo que no he contado en mi blog, ni en Twitter ni en Facebook. Tu casa internáutica me parece el lugar ideal para hacerlo y el sitio donde se me va a escuchar con otros oídos.

    Mi madre perdió la visión de un ojo hace 10 años. Era una gran lectora y le encantaba pintar. Con el ojo “en activo” pudo seguir leyendo, pero tuvo que aprender a pintar otra vez: aprender a calcular las distancias, aprender a dar profundidad con un solo ojo.

    Luego, en mayo de 2012, perdió la visión del otro. Lo suyo se llamó “arteritis de la temporal”, que suena áspero y difícil de recordar, pero el nombre es lo de menos. El caso es que se quedó ciega.

    No se dio por vencida. Siguió cocinando cuando se lo pedíamos para que se sintiera útil: “Ven, mamá, pela las patatas, parte la cebolla, pero ten cuidado con el cuchillo”. Jamás se cortó. También hacía punto y le leíamos crucigramas que iba resolviendo de palabra. Al principio mantuvo la esperanza de recuperar la vista de ese ojo hasta que, varios meses después, justo el día de mi cumpleaños, le dijeron que no lo haría, que no volvería a ver más… Y ahí empezó a decaer

    Después de las Navidad de 2014, el bajón se hizo más agudo y, para colmo de males, se quedó inválida. Y llegó marzo… No entraré en detalles. Sólo contaré que, después de una operación que no logró salvarle la vida, estuvo una semana en la UVI, sin ver, prácticamente sin oír, sin poder moverse. No sabía si era de día o de noche, no sabía dónde estaba. Nos llamaba (a mí y a mis hermanos), pero sólo podíamos verla media hora, dos veces al día. El resto del tiempo estaba sola. Esto fue sin duda lo más duro para mí.

    Me enseñaron a ser delicada con el prójimo, especialmente si sufría algún tipo de minusvalía, fuese del tipo que fuese, y a sentir el sufrimiento ajeno. Ahora, además de delicada y de ese sentimiento de piedad y afecto por los que sufren, me siento profundamente conmovida por su situación. Tu blog es un ejemplo y es un canto a la esperanza. El mío lo empecé para mantener la mente ocupada y me ha ayudado tanto que sólo por eso merece que le dé lo mejor de mí misma.

    ¡Soy afortunada por haber llegado hasta tu casa internáutica. Me verás por aquí con frecuencia.

    Responder

Y tú, ¿cómo lo ves?

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