Un plan para los 30

Sí amigos. Este mes he cumplido la cifra redonda. Al principio he de confesar que me sentí un poco deprimida. ¿Por qué? os preguntaréis. Para explicarlo no he encontrado mejor modo que utilizando este fragmento de mi serie preferida, Friends.

El día de su 30 cumpleaños, una deprimida Rachel se da cuenta de que solamente necesita un plan para alcanzar sus objetivos.

Echadle un vistazo al vídeo.

El plan de Rachel al cumplir los 30

Al igual que ella, yo tenía mi vida perfectamente planificada y estructurada. Cuando tenía 18 años tenía claro que quería estudiar periodismo, viajar mucho, aprender idiomas, conocer a alguien maravilloso del que me enamoraría perdidamente y que seguramente me rompería el corazón… Y tras una trágica ruptura, quizás volveríamos a empezar o quizás no. Lo único que tenía claro era que quería casarme antes de los 30. En el mar, a ser posible. En un barco, para ser más exactos. Y quería tener al menos 3 hijos, uno de ellos antes de los 30, para poder disfrutar de ellos siendo aún joven. Además sacaría tiempo de sobra (no sé de dónde) para escribir varias horas al día y publicar mi primera novela antes de los 25, como Cecelia Ahern. ¡Ahí es nada!

Doce años después y con una terrible crisis económica y social de por medio, aquí nos encontramos, mi plan y yo, cara a cara.

¿Cuántos de esos sueños has logrado alcanzar? Me pregunta él.

Y no sé qué responder. Ya que muchos los he logrado, pero no por el camino que yo había imaginado, ni con el resultado que yo esperaba.

Logré estudiar algo que me apasionaba: la comunicación y el periodismo. Actualmente trabajo en lo que me gusta, desarrollando contenidos que me permiten analizar diferentes formas de comunicar mensajes y dando rienda suelta a mi vena creativa. ¿Era el trabajo que soñaba a los 18 años? Seguramente no. O quizás sí… Pero puedo decir con orgullo que me dedico a aquello que me gusta y que sé hacer mejor.

¿Me imaginaba haciendo alguna otra cosa? Quién sabe. Tal vez me habría gustado desarrollar una carrera más creativa como guionista de series, que ahora están tan de moda. Obviamente me chiflaría poder vivir de lo que escribo, pero ¿quién puede hacer eso hoy en día? Solo George R. Martin y un puñado de afortunados más.

Mientras tanto, tengo un empleo que me permite pagar las facturas, vivir con mi pareja y poco a poco ir formando un hogar.

¿Viajé mucho? Reconozco que no tanto como me habría gustado, por falta de dinero, casi siempre. Con la crisis económica que ha sufrido nuestro país, vi mi carrera profesional bastante postergada. O más bien ralentizada, porque realmente, nunca dejé de hacer cosas. Siempre estuve colaborando acá o allá, escribiendo esto y lo otro. Hasta que al fin, en 2013 llegó mi oportunidad laboral y la aproveché.

He viajado pero de otro modo muy distinto al que me había imaginado cuando tenía 18 años. Ahora camino junto a una golden retriever que guía mis pasos allá donde voy. Gracias a ella he caminado por sitios que antes jamás me habría imaginado. Ahora soy más libre, más independiente y camino con mayor seguridad por la calle. Y a pesar de que aún nos queda mucho camino por andar, estoy segura de que el trayecto hasta aquí no habría sido igual sin ella. Por eso, gracias, peluda.

¿Viví la gran historia de amor que esperaba?

¿Y quién no? O yo soy una romántica empedernida (que lo soy), o quien más quien menos ha sufrido por amor. Yo debo reconocer que he tenido la suerte de vivir mi historia de amor sin sufrir demasiado. Al menos, ha sido más o menos tranquila y sin demasiados sobresaltos.

¿Me casé antes de los 30?

Rotundamente no. Pero nuevamente, porque la situación no lo permitió antes. Sin embargo, este año puedo decir que cumpliré ese sueño. Dentro de apenas un mes, mi chico y yo nos estaremos dando el sí quiero y nos convertiremos legalmente en marido y mujer. Y con ese paso, habremos cumplido el que era un sueño para los dos desde hacía mucho tiempo.

¿Escribí mi primera novela?

Este proyecto es sin duda el que más me duele no haber alcanzado… Porque siempre está en progreso. Tal vez nunca encuentro la fuerza o el coraje para llevarlo a cabo. Tal vez, es tan importante para mí hacerlo bien, que temo fracasar cuando lo termine. Por eso siempre encuentro escusas para no sentarme a seguir escribiendo.

La idea está ahí. Los personajes están en mi cabeza, las tramas, los giros, los secretos y los obstáculos contra los que tiene que luchar el protagonista… Entonces, ¿por qué nunca la termino?

No lo sé. Tal vez no me crea capaz, en el fondo. Tal vez soy una cobarde.

Pero, si he llegado hasta aquí y he alcanzado todo lo demás… ¿por qué no voy a luchar por ese sueño también?

Solamente quería compartir con vosotros estas reflexiones íntimas de una treintañera reflexiva que últimamente, se ha parado a replantearse hasta dónde ha llegado, si está donde quería estar y cómo continuará avanzando por el camino de baldosas amarillas…

Para terminar, no quería cerrar esta entrada sin darle un toque de humor. De nuevo, con mis queridos personajes de Friends 😉

Escena de Joey: “¡Por qué, Dios, por qué!”

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