Convivir con la ceguera: ¿La edad influye?

Una lectora del blog me ha planteado una pregunta muy interesante que creo que merece que le dediquemos, como mínimo, un tiempo de reflexión.

La consulta de esta persona, que padece glaucoma y teme seguir perdiendo visión, era la siguiente:

“Tengo 21años y no sé si la edad afecta en algo para aprender a vivir como invidente.”

Si me permitís la reflexión, no sé hasta qué punto se llega a vivir alguna vez como invidente. Es decir, ¿existe la vida como invidente? Bajo mi punto de vista, se vive como persona, y después, te intentas adaptar a las circunstancias. Pero aceptando este matiz, entiendo la pregunta.

¿Qué pensáis? ¿Creeis que la edad puede llegar a influir a la hora de adaptarse a la vida como invidente?

Después de darle algunas vueltas a esta cuestión, yo creo que más que la edad, lo que realmente importa a la hora de adaptarse es la mentalidad de la persona. Da igual que tengas 15 o 45 años, lo importante es ser fuerte y mentalizarse de que la vida continúa y que hay cosas muchísimo peores que perder la vista.

Como ya he contado alguna vez, yo me quedé ciega con 17 años y gracias al apoyo de mi familia y de la ONCE, y de mis ganas de ser alguien en la vida, pude estudiar lo que me gustaba, salí con mis amigos, conocí a la persona que hoy es mi marido y tengo un trabajo haciendo lo que más me gusta.

La discapacidad, como siempre digo, está en la mente de las personas.

Tampoco podemos negar la evidencia de que nuestra capacidad de adaptación es más flexible cuanto más jóvenes somos. Aprendemos más rápido y no estamos tan “viciados” ni tenemos tantos prejuicios como cuando vamos creciendo. Alguien que pierde la vista a los 10 años, por ejemplo, tal vez lo asuma con mayor naturalidad, porque los niños no tienen esa capacidad de reflexión y de plantearse por qué les pasa lo que les pasa. Siguen su aprendizaje, y obviamente les será más costoso que si jamás hubiesen perdido la visión… pero creo que asimilarían su nueva situación con mayor rapidez.

En cambio, las personas que se quedan ciegas ya siendo mayores o incluso ancianas, suelen ser más reticentes al cambio. Tienen, por cuestiones culturales y de generación, más prejuicios e ideas preconcebidas. Además, somos animales de costumbres, y cuando llevamos más de 30 años, por ejemplo, haciendo las cosas de una determinada manera, y de pronto nos toca desaprenderlo todo y reaprenderlo de otra forma, es más duro. Esto probablemente les hará más dependientes y reacios al cambio, y en muchos casos son más reticentes a intentar adaptarse a su nueva realidad.

Evidentemente aquí solo podemos teorizar y generalizar, ya que estoy segura de que habrá casos en los que una persona que se queda ciega con más de 50 años, con buena voluntad se puede llegar a adaptar fácilmente, al igual que a la inversa: conozco casos de personas que perdieron la vista siendo muy jóvenes y tardaron años en asimilarlo porque no querían aceptar su nueva situación. Incluso, hay personas que no llegan a adaptarse nunca, que sencillamente, se niegan a aceptar el cambio y ponen todo su empeño en ser infelices y transmitir su infelicidad al resto del mundo.

Con lo cual, mi conclusión es la que he planteado al inicio de este post: más allá de la edad en la que una persona pierda la vista, lo que más le puede influir a la hora de adaptarse es su actitud. La forma en la que nos lo tomamos, cómo nos enfrentamos a esa nueva realidad que nos toca vivir, será crucial para que podamos seguir adelante.

Otra circunstancia que considero vital para que alguien pueda llegar a adaptarse, o como decía nuestra lectora, a vivir como invidente, es el entorno. La actitud que tengan con nosotros las personas de nuestro alrededor, la familia y amigos, es fundamental. Si nos tratan con condescendencia o con lástima y nos dejan percibir su pena, nos será muchísimo más difícil asimilar que podemos seguir adelante con nuestra vida.

En cambio, si la familia comprende que debe apoyar en todo lo posible a la persona, sin tratarle con condescendencia y ofreciéndole ayuda solo cuando realmente lo necesite, esto ayudará mucho a que la autoestima de la persona ciega se fortalezca poco a poco.

Esto obviamente solo es mi opinión, por lo que si alguien quiere aportar la suya, o contar cual fue su experiencia, será muy bienvenida.

Y recordad que si teneis cualquier duda, pregunta o sugerencia, podeis hacerlo a través del formulario de contacto o enviando un e-mail a la dirección viviendoatientas@gmail.com

¡Nos seguimos leyendo!

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