Viviendo a tientas en… Venezuela (3ª parte)

3ª parte: De relaciones, asociacionismo, movilidad, barreras arquitectónicas y otras cuestiones.

Hablemos de un tema peliagudo: las relaciones humanas (guiño). ¿Es fácil relacionarse con otras personas ciegas en tu país? ¿Acudes a algún tipo de asociación para intercambiar experiencias o conocimientos?

Puesto que el prejuicio se extiende hacia muchas áreas, la socialización tiende a llevar al ciego a ser muy endogámico. Por supuesto, es relativo hasta cierto punto, pues hay ciegos que por su contexto socializan más con personas que ven, que con ciegos; y también al contrario. Como he mencionado muchas veces, socializar en mi caso, nunca ha sido una actividad muy destacada; así que, socializar con ciegos, para mí no es fácil. En líneas generales me relaciono con personas ciegas de mi país por temas laborales, educativos y afines. No es que no tenga conocidos y algunas personas ciegas a quienes considero amigos, pero son en realidad muy pocos. Ahora, eso no tiene que ver con el país, por lo que he podido observar. Es un tema mucho más personal. Tengo entendido que muchísimos ciegos, sobre todo aquellos que nacieron con ceguera, sí que se reúnen en asociaciones, asisten a eventos de ciegos, juegos de ciegos y así. Yo, puedo socializar un rato, pero no me resulta fácil hacerlo durante tiempo prolongado y con muchos ciegos a la vez —y no, no es rechazo a la ceguera, que hay ciegos muy majos; es que hay conductas que no me van y soy un tanto jodida—. Creo que, mis inicios en el mundo de la ceguera en Venezuela, y ciertas formas que pude apreciar durante mi proceso de rehabilitación, marcaron un poco en mí el poco deseo de involucrarme en ciertas actividades de ciegos.

¿Dirías que es complicado hacer amistades en la sociedad venezolana cuando tienes una discapacidad visual?

La verdad, lo contrastante de la sociedad venezolana es que, con todo y sus prejuicios, tiende a ser afectuosa y amigable, más bien sobreprotectora. Entonces, hacer amigos puede ser fácil o difícil porque depende de la actitud de la persona ciega. Por lo menos yo, que soy una mujer tan difícil, tengo al menos unos cuantos amigos que hice ya estando ciega, a los que adoro con devoción; así como también cuento con algunas amistades que de alguna forma no se alejaron del todo debido a mi ceguera.

Tradicionalmente, se dice que la sociedad latinoamericana es más visual, las mujeres se preocupan mucho por su aspecto físico. ¿Cómo percibes esto desde que perdiste la visión? ¿Crees que te discriminan de alguna forma por tu ceguera?

Siendo honesta, en esta sociedad tan ferviente por la estética, para mí ha sido complicadísimo ciertos aspectos de la socialización porque, aunque ahora estoy ciega, formé parte durante 28 años de una sociedad para la cual, el aspecto visual tiene gran relevancia. Para mí fue traumático observar como mis ojos perdían su color natural, como involucionaban. Ha sido tan traumático —siempre me pareció espantoso ese color blanquecino azulado de los ojos con ceguera, mucho más cuando disminuyen de tamaño—, que me considero una mujer poco atractiva desde que estoy ciega. Esto, se traduce en que mi actitud hacia el sexo masculino no sea demasiado abierta. Eso, aunque parezca mentira es un problema; pues hace que uno se centre en que, si alguien te dice algo bonito o se te acerca, lo hace más motivado por la lástima, que porque le resultes atractiva. También me he topado con hombres que ven, a quienes les he resultado atractiva, pero no se atreven a iniciar ningún tipo de relación porque la presión social y el cuestionamiento les puede; incluso, alguno ha intentado acercarse sí, siempre que fuese algo a escondidas. Es duro enfrentar ese tipo de situaciones, porque no siempre es fácil determinar qué les motiva a comportarse así. Te llenas entonces, de más prejuicios e inseguridades y esa parte de la socialización se complica. Si a eso le sumas que, el hombre venezolano busca la mujer estéticamente perfecta, te enredas porque ya no sabes cuál es la razón por la que te discriminan —apartando la de que sean gilipollas, claro—. Tengo conocidos que me han dicho que, en mi caso, un problema es la inteligencia; según ellos, soy demasiado inteligente y eso les acojona. Así que, voy navegando sola, al menos en lo que a relaciones afectivas se refiere.

En cuanto a la movilidad y la accesibilidad urbana, ¿cómo de difícil o fácil es moverse por las calles de tu ciudad? ¿Hay semáforos con señal acústica? ¿Las aceras cuentan con rebajes o rampas para detectar dónde está el paso de peatones?

Debo decir, que trasladando lo de navegar a lo literal de desplazarse por Caracas, nada más complicado, por vida de dios. Acá no hay aceras adaptadas y las pocas que han considerado adaptar, normalmente tienen un coche o cualquier otro obstáculo en medio. Semáforos sonoros que yo sepa no han implementado aunque, sí hubo un proyecto para hacerlo en uno de los municipios de la ciudad.
Y el transporte, ¿está adaptado?

El transporte no está adaptado y tienes que tener mucha suerte de no conseguirte con un chofer cabreado, o terminarás bajándote en plena vía —me pasó una vez mientras aprendía orientación y movilidad—. El sistema metro no tiene grandes adaptaciones —las que intentaron hacer quedaron mal hechas— pero cuentas con un guía vidente —cada vez hay menos por la situación del país— que puede facilitar tu traslado de la entrada de las estaciones hasta los vagones y viceversa. Esta es una ciudad que yo llamo come bastones y conteras; acá como no te vayas con cuidado, una moto te deja sin el fluorescente del bastón y el cemento o las alcantarillas —para no hablar de los huecos— te deja con la contera comida de ratón y con un dolor de hombros de padre y señor mío.

Tú caminas usando un bastón blanco, ¿cierto? ¿Alguna vez te has planteado usar un perro guía? ¿Podrías explicarnos cómo funciona ese procedimiento en tu país?

Bueno, esa figura acá no existe. De hecho, conozco dos personas en silla de ruedas que tienen perro de asistencia, pero ninguna ciega con perro lazarillo. La ley contempla su existencia, pero si no recuerdo mal, hace unos 11 años estuvieron acá unas personas que se encargaban de asignar perritos de asistencia; en aquel evento, se nos dijo que Venezuela no era considerada apta para tener perros lazarillos. Hay demasiada basura en las calles y demasiados perros callejeros; son de los argumentos que recuerdo, nos dieron para no pensar en adquirir un perrito lazarillo. A mí me gustaría tener uno y al mismo tiempo no. Es algo que me produce sentimientos encontrados. No porque crea que se le maltrata; la verdad he sido testigo de cómo tratan a los perritos lazarillo y eso es increíble. Pero siempre me pregunto: ¿podré hacerme cargo de él? Creo que en un país como este en el que vivo, no.

Para ir acabando, me gustaría hacerte un par de preguntas más personales. Esto es algo que a mí a veces se me viene a la mente, realmente me intriga, y no sé bien cómo responderme: ¿Crees que de no haber perdido la visión, hoy serías una persona diferente? ¿Cómo imaginas que sería tu vida hoy?

Te confieso que pasé mucho tiempo preguntándome si hoy en día sería una persona distinta de no haberme quedado ciega. Hace tiempo dejé de darle tanta importancia, pero si tengo que ser analítica y objetiva, debo responder que sí. Sería una mujer distinta en muchos aspectos de mi vida, sobre todo en el profesional. Creo que, si no hubiese perdido la vista, habría concretado ciertos proyectos que me tendrían viviendo en Europa, con un estupendo consultorio odontológico y dedicándome a lo que fue, por casi un tercio de mi vida, la mayor de mis pasiones.

Por último, me gustaría que nos compartieras algún sueño o proyecto para el futuro. ¿Dónde te ves dentro de 5 años? ¿Qué te gustaría haber logrado?

No suelo ser pesimista, pero pienso que Venezuela es un país demasiado inmaduro y hay mucho en tema de discapacidad por aprender; el problema es que hay demasiadas mentes cerradas también. Es frustrante, porque en muchas ocasiones me pregunto si tengo cabida en este país. De un tiempo para acá, siento que tengo mucho talento que se desperdicia —no, no es un ataque de narcicismo—, que podría hacer tantas cosas pero que aquí y en España —mi experiencia allí no fue muy positiva—, es casi imposible, siquiera plantearlo; si hay algo que he aprendido es que, en ocasiones puedes tener proyectos y puedes trabajar para alcanzarlos; algunas veces lo lograrás, otras, tendrás que redefinirlos y adaptarlos. Hay muchas personas que piensan y me han dicho en directo, que debería dedicarme a lo que tiene que ver con discapacidad. Algunas otras personas me consideran una activista de la inclusión. A mí me gustaría trabajar para lo cual me preparé, dedicarme a crear tecnología segura y accesible. En el momento que atravieso ahora, se me hace demasiado difícil plantearme metas o proyectos a largo plazo; sin ser melodramática, estoy un poco ocupada en tratar de sobrevivir en este país y no está siendo fácil. Quizá lo que tengo más visualizado es el escribir y publicar, aunque sea un libro —vamos que si es más de uno no me enfadaré—. En los últimos tiempos he descubierto una inusitada pasión por escribir; y ando poniendo mucho empeño en aprender para hacerlo lo mejor posible.
Hoy en día ya no sueño tanto con aspectos tan individuales. No soy la mujer más altruista, pero ahora sueño con cosas menos tangibles; cosas en las que nunca antes me detuve a pensar. Sueño con que haya cambios significativos en la sociedad, pero también en el colectivo de personas ciegas. Sueño con provocar cambios y, si en realidad tengo el don de influir, hacerlo bien. Sueño con vivir con calidad de vida, en un país con estaciones donde pueda equilibrar mi parte científica con la humanística. Desarrollar tecnología y escribir. Ni idea de si en 5, 10 o más años lo habré logrado. Por ahora me enfoco en vivir el aquí y el ahora.

Gracias a Patricia por la invitación a su blog;vaya para ella y para todos, un abrazo fuerte.

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2 pensamientos en “Viviendo a tientas en… Venezuela (3ª parte)

  1. Guillermo

    Hola,

    Me han resultado muy interesantes los tres posts de Halena Rojas. Me he identificado con ella cuando en el primero dice que la vida te cambia radicalmente con la pérdida de la visión a diferencia de quien, por desgracia, nace ciego.

    por otra parte, yo tampoco tengo perro guía porque considero que es adquirir una gran responsabilidad. Es generalizada la idea de que por el hecho de ser ciegos nos tienen que gustar los perros a la fuerza.

    Enhorabuena por el blog patricia y ¡saludos!

    Responder
  2. Pingback: Viviendo a tientas en… Venezuela (2ª parte) | Viviendo a Tientas

Y tú, ¿cómo lo ves?

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