Archivo del Autor: Patricia Carrascal

De sueños, pasiones y ciegos pintores

Hace poco recibí la consulta de una persona cuya pérdida de visión le había obligado a abandonar sus estudios de bellas artes. La pasión de toda su vida era pintar, pero debido a esa pérdida gradual de su visión, se había visto obligada a tomar la dura decisión de dejarlo y reorientar su vocación. Me contaba que siempre le había gustado la publicidad, escribir y el mundo del periodismo. Aunque no tanto como la pintura, pero era otra manera de dar rienda suelta a su creatividad. Al fin y al cabo, me decía, escribir es pintar con palabras.

Sumida en esta reflexión interna sobre su futuro, me pedía mi opinión sobre si debía estudiar una carrera y tratar de estar lo más formada posible, o formarse por su cuenta. Era consciente de que debido a su limitación visual tendría que ser la mejor en aquello que escogiese hacer, pero también le habían dicho que hoy en día, con cursos y experiencia suficiente no era tan necesario tener un título universitario.

Ella quería conocer mi opinión, y a pesar de que yo no soy ninguna experta –ni tampoco lo pretendo-, le dije que solo podía aportar mi experiencia vital, si eso le servía. En cuanto a estudiar o no una carrera, yo siempre he sido partidaria de la formación. Si ya lo tenemos complicado por el hecho de la discapacidad visual, cuanta mayor sea nuestra formación académica mucho mejor. Ya sea con una licenciatura, un máster, grado, cursos, lo que sea, pero necesitas algo que acredite que estás formada y capacitada para hacer aquello que te gusta. Es cierto que por el hecho de ser mujer y además con una discapacidad, vamos a tener que demostrar el doble –o el triple- que otras personas. Por eso, si logramos tener un currículum lo más completo y brillante posible, lograremos alcanzar antes lo que nos propongamos. A no ser que seamos auténticos genios o tengamos un talento brutal. Y aún así, seguramente nos costaría mucho trabajo que nos dieran la ocasión de demostrarlo.

Recuerdo que una vez, alguien más sabio y con más experiencia que yo me dio un consejo que siempre he valorado muchísimo:

Una vez que hayas elegido aquello a lo que quieres dedicarte el resto de tu vida, intenta ser la mejor en ello, con pasión y humildad, respetando al resto y sin pasar por encima de nadie. Da lo mejor de ti y dormirás tranquila cada noche.

Y así lo creo.

Creo sinceramente en que debemos tratar de ser los mejores en lo que hagamos. Si tienes una vocación y sientes que hay algo que haces bien, vuélcate en ello. Pero no solo es importante que se te dé bien, tiene que gustarte. Y si además de gustarte sientes pasión con lo que haces, ¡mejor todavía!

Nadie dice que sea fácil. Seguro que el camino estará lleno de trabas, baches y todo tipo de obstáculos. Pero si es lo que queremos hacer, si realmente lo deseamos, al final habrá merecido la pena.

Hace poco conocí la historia de Ataulfo, gracias a un compañero y amigo que sabe que adoro este tipo de historias. Ataulfo se quedó ciego a los 40 años, tras haber sido restaurador de cuadros en el Museo del Prado toda su vida. Pero a pesar de que sus ojos ya no podían ver los colores, Ataulfo decidió seguir pintando. Se negó a abandonar los pinceles y a alejarse del caballete, y a día de hoy continúa pintando. Incluso ha realizado alguna exposición con sus obras.

Si Ataulfo pudo seguir pintando y creando belleza a pesar de su ceguera, ¿cómo no vamos a lograr nosotros aquello que nos propongamos?

Hay que ser conscientes de nuestras limitaciones. Obviamente yo no podré nunca ser cirujana y operar a corazón abierto. Ni pilotar un Boing 747 o participar en un rally de carreras. Pero es que tampoco lo deseo.

Pero si mi pasión es escribir, o pintar, o ayudar a niños con cáncer, o qué sé yo… pasear a perros abandonados en una protectora, o hacer maquetas de edificios con palitos de helado, ¿por qué no voy a hacerlo?

Siempre he creído que los límites nos los marcamos nosotros mismos. Las barreras, en la mayoría de las ocasiones las tenemos nosotros en nuestra cabeza. Y pensad una cosa: el hecho de que creamos que no podemos hacer algo, no significa que sea cierto.

Os animo a intentarlo. Pensad qué es aquello que os mueve, lo que os apasiona y después, pensad qué es lo que os está frenando para llevarlo a cabo. ¿Se trata de un freno real, o solo una excusa que os decís a vosotros mismos para no convertirlo en realidad?

Pensad, soñad y luchad. Y cuando hayáis decidido qué quereis hacer, por favor venid y contádmelo en los comentarios 😉

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Viviendo a tientas en… Venezuela (3ª parte)

3ª parte: De relaciones, asociacionismo, movilidad, barreras arquitectónicas y otras cuestiones.

Hablemos de un tema peliagudo: las relaciones humanas (guiño). ¿Es fácil relacionarse con otras personas ciegas en tu país? ¿Acudes a algún tipo de asociación para intercambiar experiencias o conocimientos?

Puesto que el prejuicio se extiende hacia muchas áreas, la socialización tiende a llevar al ciego a ser muy endogámico. Por supuesto, es relativo hasta cierto punto, pues hay ciegos que por su contexto socializan más con personas que ven, que con ciegos; y también al contrario. Como he mencionado muchas veces, socializar en mi caso, nunca ha sido una actividad muy destacada; así que, socializar con ciegos, para mí no es fácil. En líneas generales me relaciono con personas ciegas de mi país por temas laborales, educativos y afines. No es que no tenga conocidos y algunas personas ciegas a quienes considero amigos, pero son en realidad muy pocos. Ahora, eso no tiene que ver con el país, por lo que he podido observar. Es un tema mucho más personal. Tengo entendido que muchísimos ciegos, sobre todo aquellos que nacieron con ceguera, sí que se reúnen en asociaciones, asisten a eventos de ciegos, juegos de ciegos y así. Yo, puedo socializar un rato, pero no me resulta fácil hacerlo durante tiempo prolongado y con muchos ciegos a la vez —y no, no es rechazo a la ceguera, que hay ciegos muy majos; es que hay conductas que no me van y soy un tanto jodida—. Creo que, mis inicios en el mundo de la ceguera en Venezuela, y ciertas formas que pude apreciar durante mi proceso de rehabilitación, marcaron un poco en mí el poco deseo de involucrarme en ciertas actividades de ciegos.

¿Dirías que es complicado hacer amistades en la sociedad venezolana cuando tienes una discapacidad visual?

La verdad, lo contrastante de la sociedad venezolana es que, con todo y sus prejuicios, tiende a ser afectuosa y amigable, más bien sobreprotectora. Entonces, hacer amigos puede ser fácil o difícil porque depende de la actitud de la persona ciega. Por lo menos yo, que soy una mujer tan difícil, tengo al menos unos cuantos amigos que hice ya estando ciega, a los que adoro con devoción; así como también cuento con algunas amistades que de alguna forma no se alejaron del todo debido a mi ceguera.

Tradicionalmente, se dice que la sociedad latinoamericana es más visual, las mujeres se preocupan mucho por su aspecto físico. ¿Cómo percibes esto desde que perdiste la visión? ¿Crees que te discriminan de alguna forma por tu ceguera?

Siendo honesta, en esta sociedad tan ferviente por la estética, para mí ha sido complicadísimo ciertos aspectos de la socialización porque, aunque ahora estoy ciega, formé parte durante 28 años de una sociedad para la cual, el aspecto visual tiene gran relevancia. Para mí fue traumático observar como mis ojos perdían su color natural, como involucionaban. Ha sido tan traumático —siempre me pareció espantoso ese color blanquecino azulado de los ojos con ceguera, mucho más cuando disminuyen de tamaño—, que me considero una mujer poco atractiva desde que estoy ciega. Esto, se traduce en que mi actitud hacia el sexo masculino no sea demasiado abierta. Eso, aunque parezca mentira es un problema; pues hace que uno se centre en que, si alguien te dice algo bonito o se te acerca, lo hace más motivado por la lástima, que porque le resultes atractiva. También me he topado con hombres que ven, a quienes les he resultado atractiva, pero no se atreven a iniciar ningún tipo de relación porque la presión social y el cuestionamiento les puede; incluso, alguno ha intentado acercarse sí, siempre que fuese algo a escondidas. Es duro enfrentar ese tipo de situaciones, porque no siempre es fácil determinar qué les motiva a comportarse así. Te llenas entonces, de más prejuicios e inseguridades y esa parte de la socialización se complica. Si a eso le sumas que, el hombre venezolano busca la mujer estéticamente perfecta, te enredas porque ya no sabes cuál es la razón por la que te discriminan —apartando la de que sean gilipollas, claro—. Tengo conocidos que me han dicho que, en mi caso, un problema es la inteligencia; según ellos, soy demasiado inteligente y eso les acojona. Así que, voy navegando sola, al menos en lo que a relaciones afectivas se refiere.

En cuanto a la movilidad y la accesibilidad urbana, ¿cómo de difícil o fácil es moverse por las calles de tu ciudad? ¿Hay semáforos con señal acústica? ¿Las aceras cuentan con rebajes o rampas para detectar dónde está el paso de peatones?

Debo decir, que trasladando lo de navegar a lo literal de desplazarse por Caracas, nada más complicado, por vida de dios. Acá no hay aceras adaptadas y las pocas que han considerado adaptar, normalmente tienen un coche o cualquier otro obstáculo en medio. Semáforos sonoros que yo sepa no han implementado aunque, sí hubo un proyecto para hacerlo en uno de los municipios de la ciudad.
Y el transporte, ¿está adaptado?

El transporte no está adaptado y tienes que tener mucha suerte de no conseguirte con un chofer cabreado, o terminarás bajándote en plena vía —me pasó una vez mientras aprendía orientación y movilidad—. El sistema metro no tiene grandes adaptaciones —las que intentaron hacer quedaron mal hechas— pero cuentas con un guía vidente —cada vez hay menos por la situación del país— que puede facilitar tu traslado de la entrada de las estaciones hasta los vagones y viceversa. Esta es una ciudad que yo llamo come bastones y conteras; acá como no te vayas con cuidado, una moto te deja sin el fluorescente del bastón y el cemento o las alcantarillas —para no hablar de los huecos— te deja con la contera comida de ratón y con un dolor de hombros de padre y señor mío.

Tú caminas usando un bastón blanco, ¿cierto? ¿Alguna vez te has planteado usar un perro guía? ¿Podrías explicarnos cómo funciona ese procedimiento en tu país?

Bueno, esa figura acá no existe. De hecho, conozco dos personas en silla de ruedas que tienen perro de asistencia, pero ninguna ciega con perro lazarillo. La ley contempla su existencia, pero si no recuerdo mal, hace unos 11 años estuvieron acá unas personas que se encargaban de asignar perritos de asistencia; en aquel evento, se nos dijo que Venezuela no era considerada apta para tener perros lazarillos. Hay demasiada basura en las calles y demasiados perros callejeros; son de los argumentos que recuerdo, nos dieron para no pensar en adquirir un perrito lazarillo. A mí me gustaría tener uno y al mismo tiempo no. Es algo que me produce sentimientos encontrados. No porque crea que se le maltrata; la verdad he sido testigo de cómo tratan a los perritos lazarillo y eso es increíble. Pero siempre me pregunto: ¿podré hacerme cargo de él? Creo que en un país como este en el que vivo, no.

Para ir acabando, me gustaría hacerte un par de preguntas más personales. Esto es algo que a mí a veces se me viene a la mente, realmente me intriga, y no sé bien cómo responderme: ¿Crees que de no haber perdido la visión, hoy serías una persona diferente? ¿Cómo imaginas que sería tu vida hoy?

Te confieso que pasé mucho tiempo preguntándome si hoy en día sería una persona distinta de no haberme quedado ciega. Hace tiempo dejé de darle tanta importancia, pero si tengo que ser analítica y objetiva, debo responder que sí. Sería una mujer distinta en muchos aspectos de mi vida, sobre todo en el profesional. Creo que, si no hubiese perdido la vista, habría concretado ciertos proyectos que me tendrían viviendo en Europa, con un estupendo consultorio odontológico y dedicándome a lo que fue, por casi un tercio de mi vida, la mayor de mis pasiones.

Por último, me gustaría que nos compartieras algún sueño o proyecto para el futuro. ¿Dónde te ves dentro de 5 años? ¿Qué te gustaría haber logrado?

No suelo ser pesimista, pero pienso que Venezuela es un país demasiado inmaduro y hay mucho en tema de discapacidad por aprender; el problema es que hay demasiadas mentes cerradas también. Es frustrante, porque en muchas ocasiones me pregunto si tengo cabida en este país. De un tiempo para acá, siento que tengo mucho talento que se desperdicia —no, no es un ataque de narcicismo—, que podría hacer tantas cosas pero que aquí y en España —mi experiencia allí no fue muy positiva—, es casi imposible, siquiera plantearlo; si hay algo que he aprendido es que, en ocasiones puedes tener proyectos y puedes trabajar para alcanzarlos; algunas veces lo lograrás, otras, tendrás que redefinirlos y adaptarlos. Hay muchas personas que piensan y me han dicho en directo, que debería dedicarme a lo que tiene que ver con discapacidad. Algunas otras personas me consideran una activista de la inclusión. A mí me gustaría trabajar para lo cual me preparé, dedicarme a crear tecnología segura y accesible. En el momento que atravieso ahora, se me hace demasiado difícil plantearme metas o proyectos a largo plazo; sin ser melodramática, estoy un poco ocupada en tratar de sobrevivir en este país y no está siendo fácil. Quizá lo que tengo más visualizado es el escribir y publicar, aunque sea un libro —vamos que si es más de uno no me enfadaré—. En los últimos tiempos he descubierto una inusitada pasión por escribir; y ando poniendo mucho empeño en aprender para hacerlo lo mejor posible.
Hoy en día ya no sueño tanto con aspectos tan individuales. No soy la mujer más altruista, pero ahora sueño con cosas menos tangibles; cosas en las que nunca antes me detuve a pensar. Sueño con que haya cambios significativos en la sociedad, pero también en el colectivo de personas ciegas. Sueño con provocar cambios y, si en realidad tengo el don de influir, hacerlo bien. Sueño con vivir con calidad de vida, en un país con estaciones donde pueda equilibrar mi parte científica con la humanística. Desarrollar tecnología y escribir. Ni idea de si en 5, 10 o más años lo habré logrado. Por ahora me enfoco en vivir el aquí y el ahora.

Gracias a Patricia por la invitación a su blog;vaya para ella y para todos, un abrazo fuerte.

Viviendo a tientas en… Venezuela (2ª parte)

2ª parte: De cómo es el acceso al empleo, la cultura o la tecnología en Venezuela.

¿Cómo se accede a las adaptaciones para el estudio (libros en braille, tiflotecnología, etc) o para adaptar un puesto de trabajo?

El ciego venezolano no cuenta con una gran cantidad de beneficios. Cierto es que, a partir de 2007 con la aprobación de la Ley para Personas con Discapacidad y el Consejo Nacional de Personas con discapacidad (CONAPDIS), se logró que la persona ciega pudiese acceder a ciertas herramientas tiflológicas como bastones, regletas y punzones. Recuerdo que mi primer bastón, el que usé cuando aprendí orientación y movilidad, era de cobre, con un color rosáceo metálico, puesto que era hecho por alguien de aquí del país —nada de esos bastones chulos de color blanco—.Para rehabilitarse, en mi época existía la sociedad amigo de los Ciegos y algunos Centros de rehabilitación del estado, ubicados en hospitales públicos donde te enseñan Braille, orientación y Movilidad, y otras cosillas para manejarte con independencia y autonomía. Este tipo de entrenamiento se da en los sitios, los terapistas ocupacionales no van a casa de nadie, a menos que tú, de forma particular les contrates y pagues sus honorarios. En la actualidad, crearon una serie de centros creo que reciben el nombre de CAEDEVAS, que atienden a personas con discapacidad visual, pero desconozco un poco su funcionamiento porque son más nuevos y también estuvieron a punto de desaparecer cuando al gobierno les dio un picón de trasero y quiso obligar la desaparición de las instituciones de educación especial.
No, si es que a diferencia de lo que alguno piense, Venezuela no es tan república bananera, ¿eh?

En Venezuela no existe la figura de la adaptación de estudios o puestos de trabajo, dependientes de una organización. Acá el ciego estudia como puede. Existe la figura del Docente Especialista que, en realidad, suele prepararse más en la atención de otro tipo de discapacidades —el único máster relacionado es el de Sordoceguera—, por lo que, desde mi conocimiento se hace mucho de forma empírica. En pocas palabras, si eres ciego y quieres estudiar, muchas adaptaciones corren por tu cuenta. Desde el punto de vista laboral, me parece que la ley estipula que la adaptación corre por cuenta del patrono; hasta donde yo sé, CONAPDIS no se mete en nada de eso, a menos que sea para fiscalizar al empresario porque no cumple con la ley, empleando al 5 % de su nómina con personas con discapacidad. En el país se han comenzado muchas iniciativas, pero pocas permanecen operativas a lo largo del tiempo. Por ello, acceder a la tiflotecnología, libros en braille y demás, se hace complicadísimo si no estás al menos en la capital, donde existe un servicio para personas con discapacidad visual en la Biblioteca Nacional de Venezuela, que digitaliza e imprime libros en Braille a solicitud del usuario. También cuenta con una sala de ordenadores con Linux y lector de pantalla ORCA. En la universidad donde yo trabajo, existe un área en la biblioteca Central, en la cual funciona un proyecto de Fundación ONCE para América latina (FOAL), llamado Red Social Venezuela, en el que las personas pueden formarse en herramientas de tiflotecnología —desconozco si sigue operativo—. De hecho, ese fue mi primer empleo una vez quedé ciega: ser instructora de informática para personas con discapacidad.
Existe, además una imprenta Braille que si no recuerdo mal depende del Ministerio de Educación, y también hubo un proyecto para hacer audiolibros en casete. Estos dos últimos creo que no tienen mucha actividad en la actualidad, debido a la escasez de papel y a la poca solicitud del libro hablado.

¿Existen ayudas estatales? ¿Algún tipo de entidad gubernamental que se ocupe de estas cuestiones?

¿Ocuparse? Bueno, en teoría el CONAPDIS debería ocuparse de todo lo relacionado a la discapacidad, pero es más lo que dicen que lo que hacen. Existe también una figura que llamaron Misión Dr. José Gregorio Hernández —que ya por el nombre dice mucho de la visión de la discapacidad en Venezuela—. Que estuvo involucrada en el censo y también en la entrega de ayudas técnicas. El problema es que ambas figuras invaden competencias y se ha vuelto todo un desastre.

En tu país, cuando alguien pierde la vista, ¿con qué opciones laborales cuenta? ¿Hay algún empleo específico que las personas ciegas puedan solicitar, como por ejemplo ocurre en España con la venta de cupones?

Venezuela no cuenta aún con una cultura de inclusión realista en cuanto a la ceguera se refiere. No hay puestos específicos para ciegos —lo que no significa que no existan ciegos que se desempeñen como vendedores ambulantes—. Con la nueva ley algunas personas lograron insertarse en empresas estatales; sin embargo, esa vía puede ser un poco discrecional pues, si no eres afecto al ideal político del gobierno actual, no te toman en cuenta bajo ningún concepto —a mí me han dicho en mis narices que como firmé contra el presidente Chávez, me olvide de empleos con el gobierno—, por ejemplo. Algunos han tenido la fortuna de ingresar en empresas privadas con sedes internacionales, pero es una minoría. Por otro lado, hay algunas empresas privadas que tienen programas de inserción, pero solo aplica para ciegos que sean bachilleres; ya que el empleo suele ser de auxiliares administrativos, recepcionistas y cargos similares. Hay ayudas que ofrece el gobierno a través de sus misiones, pero funcionan de manera similar a las descritas: te vistes de rojo o te olvidas de las ayudas.
Dependiendo de la profesión —si es que la tiene— una persona que se haya quedado ciega puede intentar tramitar una pensión por incapacidad, pero si no me equivoco eso luego te inhabilita para obtener otro empleo.

Hablemos del acceso a la cultura: ¿hay mucha oferta de ocio adaptado? ¿Disfrutas de películas o series con audiodescripción? ¿Y los libros?

Bueno, Ha habido ciertas iniciativas para facilitar el acceso a la cultura y la recreación, que decaen o desaparecen porque el ciego no hace uso de ellas. Existió en su momento algo que llamaron cine accesible (el último viernes de cada mes se proyectaba una película con audiodescripción); esta era de carácter gratuito, pero claro, no es que pasaban películas de cartelera. También existe una sala con obras en alto relieve, en el museo de Arte contemporáneo; hay adaptaciones en un planetario; sin ir más lejos, la autora del libro negro de los colores es venezolana. Hay también una asociación que promueve deporte adaptado, pero creo que se orienta más a la discapacidad motora y, hay personas ciegas que participan en deportes para ciegos y algunos son atletas de alta competencia. El turismo adaptado todavía no tiene una gran difusión, al menos para personas ciegas, pues para personas sordas sí que hay algún proyecto pululando por ahí. Aunque Venezuela ya ha ido cambiando al formato de TDT, que acá le han llamado TDA, no hay accesibilidad para ciegos, solo para sordos, más que todo en programas informativos; la audiodescripción en la televisión venezolana brilla por su ausencia. Ni hablar de los libros, que acá ni se han dignado a firmar el tratado de Marraquech. Así que, si quieres leer libros nuevos, te los compras y los escaneas, te los compras y pides al servicio de la biblioteca que te lo escanee; o caes en la piratería y los buscas en la red.

Claro, no es que todo sea tan terrible. El problema fundamental que yo observo en el colectivo de ciegos venezolanos es la apatía y la endogamia, que no ayuda mucho a que hayan cambios significativos en el país.
Por todo eso, quizá en un ataque de nacionalismo poco frecuente en mí, considero que el ciego venezolano es un guerrero y no tiene mucho que envidiarles a ciegos de países del primer mundo.

En cuanto a la tecnología, actualmente te dedicas al mundo de la programación. Según tu experiencia, ¿has encontrado muchos prejuicios en ese sector en cuanto a la ceguera?
¿Qué soportes técnicos utilizas en tu día a día? Por ejemplo, para usar el pc, el móvil, etc.

Venezuela, aunque esté mal que yo lo diga, es un país con muchos recursos, pero también con muchos prejuicios e ideas preconcebidas respecto de la ceguera. Estos abarcan desde cómo vive y funciona una persona ciega, hasta lo que debería o no debería hacer de su vida profesional y personal. En mi caso, siempre tengo que enfrentar la duda de si en realidad sé, de si en realidad puedo. Aunque no soy programadora, sé programar y en el área tecnológica cuento con conocimientos variados que, casi no pongo en práctica —como no sea a título personal— porque en informática siendo mujer y además ciega, la gente duda de que sabes de lo que le hablas. Además, no hay quien les cierre la boca cuando te ven usando el ordenador y todavía no me consigo al primero que no quiera que le muestre como anda el lector de pantalla. Yo, a punta de trabajar y estudiar, he podido hacerme con ordenadores y móviles adaptados—menos mal no soy cinéfila (¡menudo sufrimiento no poder ir al cine para poder pagarte el ordenador!)—. También hay quien de pronto te escucha y te llama, pero espera que no le cobres porque, como eres ciega, te hacen ellos un favor en realidad. He pasado muchas horas diseñando proyectos que, en algunos casos quedan dentro de la gaveta del olvido, en otros, el mérito lo esgrime un tercero. —y sí, suponen bien, la mayoría de veces no me pagan—. Resulta difícil, al menos para mí, definir si el problema es que soy ciega, que soy mujer, o que siendo ambas cosas pretendo cobrar lo que creo vale mi hora de trabajo. Tengo un CV, a según dice un abogado laboral de mi país, acojonante, incluso para alguien que no tiene discapacidad. Es ilógico pensar que mis honorarios profesionales no correspondan a ese CV, ¿no? Pero como he dicho en otras ocasiones, es dificilísimo que confíen en ti, para ciertas actividades siendo una persona ciega. De hecho, el propio empleo que tengo ahora, costó lo suyo para que fuese propuesto y, aunque otros docentes solicitaban mi ingreso tiempo completo, la decisión fue darlo medio tiempo.

–Continuar leyendo la 3ª parte: De relaciones, asociacionismo, movilidad, barreras arquitectónicas y otras cuestiones.

–O regresar a la 1ª parte: Halena nos cuenta cómo perdió la visión y qué ayudas existen en Venezuela para personas ciegas.

Viviendo a tientas en… Venezuela (1ª parte)

En muchas ocasiones me he preguntado cómo hubiese sido mi vida de haber nacido en otro lugar, en otro país, o incluso, en otro continente. Sé que soy afortunada de vivir en España, un país de la Europa occidental donde la cultura de la integración para personas con discapacidad ha avanzado mucho en los últimos años. El acceso a la educación y la integración laboral son cuestiones por las que se ha luchado mucho y aunque todavía sigue habiendo mucho por hacer, considero que estamos a años luz de otros lugares. Sé que nos quejamos siempre de la falta de accesibilidad de muchas cosas o lugares (tanto físicos como digitales), pero si lo pusiéramos todo en perspectiva y nos parásemos un minuto a pensar en la tremenda suerte que tenemos, de veras creo que somos afortunados.

Como digo, por supuesto que aún hay mucho por hacer y por avanzar en nuestra sociedad. NI todo el mundo tiene acceso al empleo, ni todo es lo accesible que debería (hagamos aquí un minuto de silencio por la web de Renfe… ejem). Pero sí me parece interesante que hagamos ese ejercicio de ampliar barreras y conozcamos, aunque sea de forma virtual, cómo se vive siendo ciego en otros países o regiones.

Hace tiempo vengo dándole vueltas a la idea de crear una sección denominada “Viviendo a tientas en…”, donde personas de otros lugares o culturas nos compartan su testimonio.

En esta ocasión, he querido contar con la experiencia de alguien muy conocido en el entorno de las personas ciegas, al menos en la red social Twitter. Se trata de una personita que reside en Venezuela, ese país que por desgracia, en los últimos tiempos no pasa por su mejor momento y que día sí y día también, aparece en los titulares con noticias cada vez más preocupantes.

Ella se llama Halena Rojas y en su blog, que lleva por título Viviendo entre dos mundos , nos narra cómo se vive siendo ciego en Venezuela. Además de escribir excelentes posts sobre el mundo de la discapacidad, Halena reflexiona a menudo acerca de la ceguera en general, y de los comportamientos de las personas ciegas en particular.

Como la entrevista es muy extensa, la he dividido en 3 partes:

Si sentís curiosidad por conocer cómo vive una persona ciega en Venezuela, os recomiendo que no os perdáis esta interesantísima entrevista con Halena.

Desde aquí darle las gracias por compartir con nosotros su experiencia y por ser tan generosa. Bienvenida al blog y por supuesto, regresa cuando quieras 😉

1ª parte: Halena nos cuenta cómo perdió la visión y qué ayudas existen en Venezuela para personas ciegas.

¿Quién es Halena Rojas?

Puede que mi nombre resulte conocido, puede que no —al menos en mi país, muchos me conocen y yo no tengo idea de quienes son—. Soy hispana venezolana, y actualmente resido en mi país de nacimiento, Venezuela. Adquirí mi discapacidad a los 28 años, por lo cual mi vida dio un giro de 180 grados y dejé de ser odontóloga, para convertirme en Técnico superior Universitario en Computación, con especialización en Entornos virtuales de Aprendizaje, Máster en Herramientas de Apoyo, Accesibilidad y Diseño para todos y máster en Seguridad de la Información y las Telecomunicaciones. En la actualidad, me desempeño como asesora en accesibilidad e inclusión, soy auxiliar docente en la Escuela de Computación de la Facultad de Ciencias de la Universidad Central de Venezuela; aunque suena todo demasiado rimbombante, todo se resume en intentar que los estudiantes con discapacidad y sobre todo sus docentes, puedan tener una experiencia menos traumática durante el proceso de enseñanza aprendizaje en la Licenciatura de ciencias de la Computación. Es decir, entre muchas actividades, intento poner mi grano de arena para que algún día, las personas con discapacidad tengan un verdadero proceso de inclusión en equiparación de oportunidades y que, sean menos excluidos en carreras científicas.
Menuda tarea en la que estoy metida, ¿no? Pero bueno, al menos intento no quedarme anclada, hacer algo, por pequeño que sea.

Halena, tu blog se llama “Viviendo entre dos mundos”, ¿podrías explicar por qué escogiste ese nombre?

Bueno, como mi dedicación hasta los momentos es de medio tiempo —el otro medio tiempo hay que dedicarlo en intentar ser productivos—, llevo un blog profesional y uno personal.
El por qué del nombre de mi blog personal tiene un poco —o quizá mucho que ver— con el hecho de que cuando adquieres la ceguera en edad productiva, hablando al menos desde mi contexto actual y bajo mi experiencia que, puede no parecerse en absoluto a la de otro ciego venezolano, vives, literalmente entre dos mundos. El mundo de los que tienen visión 20/20 y el mundo de los ciegos. Si, además tienes algunas peculiaridades que hacen que no encajes del todo en ningún cliché, es mucho más probable que permanezcas en esa línea divisoria —invisible pero existente— entre ambos mundos, por la sencilla razón de que no logras identificarte ni con unos, ni con otros.
Por otra parte, también me paseo entre dos mundos muy significativos para mí: las letras y la tecnología.

Como alguien que nació viendo y después perdió la visión, ¿cómo dirías que fue tu proceso de adaptación a ese cambio en tu vida?

Reflexionando sobre mi historia personal, la verdad es que quedarse ciego en edad productiva puede llegar a ser muy traumático, mucho más, cuando la pérdida de ese sentido te lleva a perder una gran parte de tu vida. Tu proyecto de vida se va al traste, tu pareja te deja, tus amigos se alejan; en pocas palabras, te deprimes. Si a eso le sumas que el proceso de pérdida visual no ha sido agudo sino crónico y progresivo, en medio de quirófanos, viajes a otro estado para poder pagar las operaciones porque no tienes seguro que las cubra, y dolorosos y forzados reposos, el proceso puede tornarse en un pequeño infiernito personal.

¿Qué fue lo que más te ayudó?

Yo, que soy como soy —y eso de morirme me da repelús— decidí asumir mi proceso con calma, acudir al siquiatra, hacer terapias y tomar antidepresivos. Lo que menos quería era ver afectada mi salud aún más de lo que ya estaba —vamos, andar ciego se anda, vivir en diálisis es un poco más complicado, ¿no?—. Así que fueron unos cuantos años de ondulación emocional, antes de poder comenzar mi proceso de rehabilitación y reinserción en la sociedad venezolana. Parece sencillo leerlo así, ¿verdad? Sencillo no fue en absoluto, pero creo que pensar que la vida es un obsequio preciado, que quedarme ciega era el menor de mis problemas y que me quedaba mucho por delante, me ayudó mucho a salir airosa del proceso.

¿Qué consejo le darías a alguien que esté pasando por una situación similar en este instante?

Si tuviese que darle un consejo a alguien que tuviese que pasar por lo que yo pasé; que estuviese perdiendo la vista en edad productiva, creo que lo mejor que podría decirle es:
“Apueste a la vida; apueste por usted, no se dé por vencido. La vida, con todo y sus sinsabores, con sus altos y sus bajos, merece la pena vivirla. No la desaproveche preguntándose por qué a usted, pregúntese mejor ¿ahora cómo salgo de esto, cómo continúo?

En tu país, ¿qué apoyos tiene una persona ciega? ¿Existe alguna fundación, organización o similar a nivel nacional?

Vivir en Venezuela siendo una persona ciega, es una ruleta rusa, por eso, hay que armarse de paciencia y fortaleza y hacerse más preguntas de cómo, que de por qué. Acá no existe una gran organización como la ONCE de España. Hay un movimiento tiflológico bastante disgregado —hay más asociaciones de ciegos que ciegos en sí (inserte aquí carcajadita)—, lo que hace que resulte más difícil, en mi opinión, establecer políticas públicas transversales de bienestar colectivo. Esta multitud de asociaciones y fundaciones, están agrupadas bajo una figura que recibe el nombre de Federación Venezolana de Instituciones de Ciegos (FEVIC). Esta federación cuenta con una junta directiva, pero con honestidad no sabría precisar qué alcance tienen en términos de logros para el colectivo, si tomamos como referencia la ONCE de España. En la actualidad me parece que intentan hacer cambios, que quieren mejorar las condiciones de los ciegos en el país, pero, enfrentarse al aparato burocrático venezolano no es tarea fácil.

–Continuar leyendo la 2ª parte: de cómo es el acceso al empleo, la cultura o la tecnología en Venezuela.

Cuando la vida te hace un jaque mate y pierdes la visión

He contado en multitud de ocasiones que no nací ciega, si no que perdí la visión a los 16 años. Y son muchas las preguntas que me hacen en este sentido: ¿qué se siente cuando pierdes la vista? ¿Cómo es el proceso de adaptación?

Últimamente, lo que me está llegando al buzón de correo de viviendoatientas@gmail.com, son consultas de escritores cuyas historias en curso cuentan precisamente con algún personaje ciego, o que pierde la visión de forma traumática. En un esfuerzo digno de mi más sincera admiración, tratan de abordar en sus proyectos la compleja tarea de describir cómo es ese tránsito para una persona que lo ha tenido todo, y de pronto, por azares de la vida –ya sean reales o de forma fantástica- se le arrebata el sentido de la vista.

Me halaga enormemente que busquen mi consejo y orientación. Como aprendiz de escritora, admiro muchísimo a quienes están escribiendo un libro. Y si puedo aportar mi granito de arena, por pequeño que sea, para que su historia y su personaje sean más coherentes y reales, me siento aún más útil y orgullosa.

Este fue el caso de Elisabeth M.S., una joven que se presentaba ante mí como escritora independiente y cuya protagonista acababa de perder la vista en mitad de su exitosa carrera profesional.

Carolina –así se llama el personaje- es una arrogante bailarina de ballet que se encuentra en la cima de su carrera. Su forma de ejecutar la danza es prácticamente perfecta, pero carece de alma. Ha llegado a lo más alto y ha triunfado, pero no es capaz de apreciarlo y valorarlo.

DE pronto, por avatares del destino que no desvelaremos aquí por no hacer demasiados spoilers, Carolina sufre un incidente a raíz del cual, perderá la visión de manera total y permanente.

¿Cómo podrá hacerle frente a esa situación? ¿Qué hacer con tu vida cuando has perdido lo único que se te daba bien?

Cita del libro:

“Sentirme en lo más alto de una carrera profesional y, en cuestión de segundos, perderlo todo. Como saltar al vacío y meterte de lleno en la oscuridad. No hay mejor palabra que defina el estado en el que me encontraba, oscuridad y sombras.”

En esta novela, descrita en Amazon como “fantasía urbana”, he participado por primera vez haciendo de lo que se conoce como “lector cero”. Son aquellos que, a petición del autor, leen el borrador o manuscrito de una novela antes de que se publique y le aportan al autor sus opiniones, detectando posibles incoherencias en la trama, fallos o erratas, etc. De este modo, el autor puede testear ante un grupo reducido si el mundo que ha creado funciona, si la historia y los personajes gustan, qué partes funcionan mejor y cuales peor, etc.

Ha sido una experiencia muy interesante, ya que me ha permitido formar parte de la construcción de la novela, orientando a Elisabeth M.S. con mi propia historia personal y orientándole sobre cuestiones de ceguera o dudas que se le iban planteando con el transcurso de la historia.

Por todo ello y porque, en parte, me siento partícipe aunque sea un poquito en la publicación de esta novela, os animo a que la leáis y conozcáis la historia de Carolina, la bailarina de ballet que por un jaque mate de la vida, pierde la visión.

Podeis encontrar la ficha del libro en el siguiente enlace:

Jaque mate: La fantasía urbana que te removerá el alma eBook: Elisabeth M.S.: Amazon.es: Tienda Kindle

Muchas gracias a Elisabeth por compartir conmigo su creación y por preocuparse tanto por hacer que la experiencia de Carolina fuera lo más cercana a la realidad.

PD: Cuando hayais leído la novela, por favor no olvidéis pasaros por aquí y contarme qué os ha parecido 🙂

El skater ciego

Esta mañana un compañero me pasó este artículo, acompañado de un documental en YouTube, sobre un chico ciego que hace skate. ¿Cómo? Lo mejor es que veais el vídeo.

Confieso que yo no he podido verlo entero (todavía), porque me he emocionado tanto escuchando su historia que he tenido que pararlo… (El que avisa no es traidor, como dicen por aquí ;-))

Marcelo Lusardi, el ‘skater’ ciego

andrea nogueira | a coruña 02.12.2016 | 12:18
Opinión A coruña

Hace cuestión de un año Marcelo Lusardi se quedó ciego. Así, en cuestión de unas semanas y con sólo 19 años. Una enfermedad le borró la vista y el joven, que nació en Buenos Aires pero vive en Santiago, creyó que su gran pasión, el skate, se había terminado para siempre. Sin embargo, un día cogió el patín y bajó a la plaza en la que sus amigos practican sus trucos para ser, como antes, uno más. Lusardi es ciego y es skater. El minidocumental The Blind Rider (Runaestudio), que se puede ver gratuito en internet, cuenta su historia.

“Fue un proceso muy duro y largo”, reconoce Marcelo desde Santiago. Un día comenzó a ver mal por un ojo y fue al médico. Le dijeron que se trataba de una enfermedad de carácter hereditario, neuropatía óptica de Leber, y que no había nada que hacer, avanzaba muy rápido. “Me afectó a un ojo y me dijeron que no se iba a pasar al otro pero en poco tiempo empecé a ver mal por el otro también, fue una locura”, recuerda este joven afincado en Galicia.

Durante seis meses estuvo deprimido, no podía asumir todo lo que le había pasado, ni siquiera lo había compartido más allá de su familia. Pero un día cogió el skate y bajó a la plaza a encontrarse con sus colegas. “Les conté todo y ellos me animaron un montón, me dijeron que no pasaba nada, que patinara igual, no sé si lo decían en serio, pero no sé, lo hice”, recuerda.

Después de tanto tiempo sin subirse a su patín no era nada fácil. “Cuando pierdes la vista pierdes el equilibrio, cuando iba con el bastón hasta me costaba andar recto por la calle”, ejemplifica. Tuvo que aprender a situarse, a orientarse por el ruido y a ver con los pies, a percibir el zumbido de las ruedas en sus plantas. Cuenta que el día que sus amigos le animaron a subir al skate fue “la clave”. “Tuve que quedarme ciego para saber quién soy y qué quiero hacer”, reconoce en el documental.

En su plaza no necesita mucho para deslizarse por las rampas, sabe donde están, pero cuando se trata de un sitio nuevo lo escudriña primero con el bastón para hacerse su mapa mental. Después se monta en el patín y, como todos, cae una y otra vez hasta que borda la pirueta. Su sentido del tacto se ha agudizado así que ahora se concentra en la tabla: “Pego el bastón a la rodilla y hay una cosa que le hace gracia a la gente porque cuando es de noche y ya estamos charlando, para saber cuál es mi tabla, las voy tocando todas y solo por el tacto ya se si es la mía o no”.

Lo repite varias veces, en el documental una y otra vez, sin su familia, amigos y el skate no lo hubiese superado. Recuerda que en los meses de reclusión tenía la impresión de no poder hacer nada. Pero el momento en el que bajó a la plaza fue “el mejor día” de su vida.

“El patín es algo que es distinto, no es algo para ciegos, hay fútbol para ciegos, pero no hay un manual que te diga cómo patinar, lo hago yo solo y eso te alienta muchísimo a seguir”, explica este joven de 19 años.

Lusardi está esta semana con exámenes. La enfermedad lo cogió repitiendo segundo curso de Bachillerato. Ha tenido que aprender a estudiar por audios y a leer y escribir en braille. Su vida se ha adaptado a su nueva situación -quedarse sin visión en apenas unas semanas-, desde su teléfono móvil a su patín. Esta semana, Marcelo Lusardi quizás no vaya a la plaza, pero el fin de semana estará allí.

Toda una lección para aquellas personas que no creen que puedan hacer algo. Cualquier cosa. Si tienes las ganas y la ilusión suficientes, se pueden mover montañas.

¡Feliz fin de semana!

#consultasatientas: “Mi hija de 7 años se ha quedado ciega. ¿Cómo puedo ayudarla?”

A través del formulario de #Consultasatientas he recibido la petición de una madre que necesita ayuda. Su hija de siete años se ha quedado ciega este verano tras una enfermedad y nos pide consejos o pautas para ayudarla a superarlo.

Os comparto su consulta:

Nombre: Olalla

Comentario: Buenos días!! Acabo de conocer tu blog y necesito ayuda. Necesito ayuda para ayudar a mi hija de 7 años que este verano después de una enfermedad se ha quedado ciega. Ella es una valiente, quiere hacer cosas pero se da cuenta que de momento no puede hacer otras y se derrumba, necesito pautas para que en esos momentos duros no se venga abajo a pesar de que es lo más normal del mundo. Un saludo y muchas gracias

¿Quieres que tu consulta se publique en el blog o prefieres que te respondamos en privado?: Quiero que mi consulta se publique textualmente para recibir recomendaciones de otros lectores.

Si os parece que podeis aportar algo para ayudar a Olalla, cualquier comentario será bienvenido.

¡Gracias!

Convivir con la ceguera: ¿La edad influye?

Una lectora del blog me ha planteado una pregunta muy interesante que creo que merece que le dediquemos, como mínimo, un tiempo de reflexión.

La consulta de esta persona, que padece glaucoma y teme seguir perdiendo visión, era la siguiente:

“Tengo 21años y no sé si la edad afecta en algo para aprender a vivir como invidente.”

Si me permitís la reflexión, no sé hasta qué punto se llega a vivir alguna vez como invidente. Es decir, ¿existe la vida como invidente? Bajo mi punto de vista, se vive como persona, y después, te intentas adaptar a las circunstancias. Pero aceptando este matiz, entiendo la pregunta.

¿Qué pensáis? ¿Creeis que la edad puede llegar a influir a la hora de adaptarse a la vida como invidente?

Después de darle algunas vueltas a esta cuestión, yo creo que más que la edad, lo que realmente importa a la hora de adaptarse es la mentalidad de la persona. Da igual que tengas 15 o 45 años, lo importante es ser fuerte y mentalizarse de que la vida continúa y que hay cosas muchísimo peores que perder la vista.

Como ya he contado alguna vez, yo me quedé ciega con 17 años y gracias al apoyo de mi familia y de la ONCE, y de mis ganas de ser alguien en la vida, pude estudiar lo que me gustaba, salí con mis amigos, conocí a la persona que hoy es mi marido y tengo un trabajo haciendo lo que más me gusta.

La discapacidad, como siempre digo, está en la mente de las personas.

Tampoco podemos negar la evidencia de que nuestra capacidad de adaptación es más flexible cuanto más jóvenes somos. Aprendemos más rápido y no estamos tan “viciados” ni tenemos tantos prejuicios como cuando vamos creciendo. Alguien que pierde la vista a los 10 años, por ejemplo, tal vez lo asuma con mayor naturalidad, porque los niños no tienen esa capacidad de reflexión y de plantearse por qué les pasa lo que les pasa. Siguen su aprendizaje, y obviamente les será más costoso que si jamás hubiesen perdido la visión… pero creo que asimilarían su nueva situación con mayor rapidez.

En cambio, las personas que se quedan ciegas ya siendo mayores o incluso ancianas, suelen ser más reticentes al cambio. Tienen, por cuestiones culturales y de generación, más prejuicios e ideas preconcebidas. Además, somos animales de costumbres, y cuando llevamos más de 30 años, por ejemplo, haciendo las cosas de una determinada manera, y de pronto nos toca desaprenderlo todo y reaprenderlo de otra forma, es más duro. Esto probablemente les hará más dependientes y reacios al cambio, y en muchos casos son más reticentes a intentar adaptarse a su nueva realidad.

Evidentemente aquí solo podemos teorizar y generalizar, ya que estoy segura de que habrá casos en los que una persona que se queda ciega con más de 50 años, con buena voluntad se puede llegar a adaptar fácilmente, al igual que a la inversa: conozco casos de personas que perdieron la vista siendo muy jóvenes y tardaron años en asimilarlo porque no querían aceptar su nueva situación. Incluso, hay personas que no llegan a adaptarse nunca, que sencillamente, se niegan a aceptar el cambio y ponen todo su empeño en ser infelices y transmitir su infelicidad al resto del mundo.

Con lo cual, mi conclusión es la que he planteado al inicio de este post: más allá de la edad en la que una persona pierda la vista, lo que más le puede influir a la hora de adaptarse es su actitud. La forma en la que nos lo tomamos, cómo nos enfrentamos a esa nueva realidad que nos toca vivir, será crucial para que podamos seguir adelante.

Otra circunstancia que considero vital para que alguien pueda llegar a adaptarse, o como decía nuestra lectora, a vivir como invidente, es el entorno. La actitud que tengan con nosotros las personas de nuestro alrededor, la familia y amigos, es fundamental. Si nos tratan con condescendencia o con lástima y nos dejan percibir su pena, nos será muchísimo más difícil asimilar que podemos seguir adelante con nuestra vida.

En cambio, si la familia comprende que debe apoyar en todo lo posible a la persona, sin tratarle con condescendencia y ofreciéndole ayuda solo cuando realmente lo necesite, esto ayudará mucho a que la autoestima de la persona ciega se fortalezca poco a poco.

Esto obviamente solo es mi opinión, por lo que si alguien quiere aportar la suya, o contar cual fue su experiencia, será muy bienvenida.

Y recordad que si teneis cualquier duda, pregunta o sugerencia, podeis hacerlo a través del formulario de contacto o enviando un e-mail a la dirección viviendoatientas@gmail.com

¡Nos seguimos leyendo!

Perdida en los Siete Reinos

Perdida… o más bien debería decir totalmente atrapada!

Como ya mencioné en el post anterior, “Efectos secundarios”, llevo semanas recuperándome de una intervención quirúrgica. En este tiempo de convalecencia en el que además se ha sumado un calor inhumano y unas temperaturas que hacen que Brilyn, mi pobre Golden esté escondida en los rincones más frescos de la casa, he intentado descansar para recuperarme lo antes posible. Pero en ese impás, mientras lucho con la terrible fotofobia y los dolores de cabeza, ha habido algo que ha hecho que mis días fuesen algo más llevaderos: los chicos del podcast de Hielo y Fuego.

Para quienes no sepan lo que es un podcast, se trata de una especie de radio en diferido, como programas grabados por personas, ya sean profesionales o aficionadas. A mí me recuerda un poco a las cintas de casette que grababa cuando era pequeña con mi hermano, cuando fingíamos ser locutores de radio y hacíamos entrevistas y programas de todo tipo… Aunque estos tienen mayor calidad y son más profesionales, por supuesto 😉

Más info: “Podcasting”, en Wikipedia

Existen podcasts dedicados al cine, la literatura, música… todo tipo de fandoms. Incluso hay podcast de programas de radio reales, que se suben al servidor para que la gente pueda escucharlos cuando le apetezca.

Yo descubrí hace tiempo la aplicación iVoox para escuchar podcasts. Allí por ejemplo encontré uno llamado “Escuchando películas”, donde se puede disfrutar de películas audiodescritas en sistema Audesc, muy cómodo y sencillo de utilizar para quienes no vemos.

Pero entre tantos programas y tanta oferta de entretenimiento, hace algo más de un año di con un podcast que me apasionó, dedicado al mundo de Canción de ielo y Fuego, la saga de George R. R. Martin en la que se basa la popular serie Juego de Tronos.

Creo que nunca he hablado de esto en el blog. Para quienes no conocéis aún mi vena más friky, os diré que esta saga literaria viene siendo una de mis grandes pasiones (y obsesiones, casi diría) desde hace años. Gracias a mi buen amigo Ramón Méndez, que fue quien me la recomendó allá por el año 2008, cuando todavía no se sabía ni de la intención de la HBO por realizar la serie… Comencé a leer el primero de los libros, Juego de tronos, entre curiosa y escéptica. Y cual fue mi sorpresa cuando llegué a la famosa escena de la página 100, cuando pensé “Ostras, esto no era lo que yo esperaba!”. Creo que me pasó como a casi todo el mundo que ha leído el primer libro. Empiezas creyendo que es una cosa, una historia de fantasía épica medieval sin más… cuando de pronto, zasca! “Las cosas que hago por amor”, y te quedas con la cabeza loca…

Pues bien, he de decir que leí los 4 primeros libros en poco mas de mes y medio. O más bien los absorbí… Los devoré a tal velocidad que hoy en día hay cosas que no recuerdo haber leído (por lo que me estoy replanteando hacer una relectura de todos los libros en breve)…
Más tarde se publicó “Danza de dragones”, el quinto de los libros, que también devoré, y aquí seguimos, esperando a que Martin termine de una vez “Vientos de invierno”, el esperado sexto libro.

Pero mientras tanto, en esa espera descubrí el mencionado podcast de Hielo y Fuego, y poco a poco me fui enganchando. Al principio he de confesar que ssolo me descargaba los programas más interesantes, como el que dedicaron a las visiones de la Casa de los Eternos, el de las teorías sobre el final de la saga, o el de las “tres cabezas del dragón”. Pero el año pasado, descubrí que podía escuchar los análisis que los chicos del podcast iban haciendo de cada capítulo de la serie de forma simultánea a la retransmisión de la quinta temporada.

Y me descubrí esperando cada entrega semanal del podcast casi con más impaciencia que los propios capítulos. Porque al no poder verlos con audiodescripción, el escuchar los pormenorizados análisis que los chicos hacían de cada escena, de cada gesto, cada interpretación de los actores, incluso de los detalles como las espadas, los vestuarios o los estandartes, me ayudaba muchísimo a captar cosas que al visionar los capítulos me perdía por no poder verlos.

Este año, con la sexta temporada he repetido el proceso. Incluso, tengo que confesar que he llegado a escuchar alguno de los análisis del podcast sin haber visto aún el capítulo. Así después, al visionar la serie ya sabía qué iba a ocurrir en pantalla, o qué pequeños detalles podíamos perdernos si no estábamos atentos. Gracias a los chicos del podcast, por ejemplo, supe al detalle cómo era la armadura del Pez Negro durante el asedio de Aguasdulces. Supe que Danerys llevaba un peinado con trenzas y que, en palabras de Vero, “estaba guapísima” en la escena en que se despide de Jorah. Gracias a las explicaciones técnicas de Carlos, supe cómo había sido la escenografía en el Septo de Baelor durante el juicio del capítulo 6×10,con picados y contrapicados, así como las escenas de los personajes vistiéndose al inicio del capítulo mientras escuchamos esa maravillosa música de fondo… También pude entender mejor el trepidante final del quinto capítulo, “The door”, gracias a que los chicos del podcast analizaron frame a frame y de forma pormenorizada cada segundo de la escena.

En definitiva, que me he acostumbrado a ver los capítulos de la serie con estos chicos, que hacen una labor impresionante cada semana. Y no sé si será por su forma de ser, porque resultan simpáticos y además te hacen reír, o porque son capaces de analizar la serie de forma crítica y analítica (aunque a veces les acusen de haters… xD), lo cierto es que me han enamorado. Desde el salero de la simpática Mirce ; la dulzura de Vero ), con la que por cierto me siento tan identificada muchas veces; la simpatía y sentido del humor de Carlos , con esos chistes tontos; el frikismo de Javi y su pasión por Stanys; al igual que Pablo con Cersei (por cierto, me encanta la voz de este chico); la risilla pícara de Capi y su humor más acidillo; o Mikel y su indignación con la HBO por lo que han hecho con Dorne (la cual comparto, por supuesto…).

Gracias a ellos, estas semanas de convalecencia se me han hecho más llevaderas. Desde que volví a casa tras la operación, el poder escuchar sus voces cada semana me ha animado, me han hecho reír y me han ayudado a que la recuperación no fuese tan dura. Por eso, si alguna vez llegais a leer esto, o si me atrevo a enviaros un mensaje, sabed que sois muy necesarios para muchas personas que os escuchamos.

Por cierto, si alguno estais por Madrid o Valladolid… Me encantaría conoceros en persona algún día 🙂

Gracias de corazón de una oyente que os sigue y a la que habéis conquistado. Yo colaboré en radio durante bastante tiempo y es un medio que enamora, tanto a quien está al otro lado del micrófono como a quienes están escuchando. Seguid como hasta ahora y no hagáis caso de las críticas negativas, que son la minoría.

Si alguien está interesado en escuchar el podcast, dejo aquí su página, tanto en iVoox como en Lossietereinos.com:

Podcast de Hielo y Fuego en iVoox.com

Los Siete Reinos – Podcast de Hielo y Fuego

Abrazos, leoncetes 🙂

Efectos secundarios

¿Alguna vez os habéis preguntado qué ocurriría si no pudierais seguir haciendo aquello que más os gusta? Si la actividad que mejor se os da o aquello que os apasiona hacer os abandonase, ¿cómo os sentiríais?

Hace un mes y medio me sometí a una operación quirúrgica. Tenía el conducto lagrimal del ojo derecho totalmente obstruido, debido a una acumulación mucosa que se había enquistado. En la cirugía a la que me sometí, en la que tuvieron que anestesiarme por completo, aprovecharon para hacerme un nuevo conducto lagrimal y de paso, liberarme el párpado. Resulta que llevo más de quince años con el ojo cerrado y aunque yo siempre creí que esto se debía a un problema de tipo muscular, en realidad el problema era que bajo el párpado se había generado tejido cicatrizal y debido a esto, el párpado se había adherido a mi ojo.

En la operación, mi oftalmólogo liberó el párpado eliminando ese tejido cicatrizal y colocando un conformador –una especie de lente que mantiene separado el párpado del ojo-. La idea es que lleve ese conformador durante varios meses, para que el párpado cicatrice más lentamente y no se vuelva a adherir al ojo. El resultado es que ahora puedo abrirlo, muy poquito a poco, y recibir más luz de la que antes podía recibir.

La parte negativa es que llevo semanas sufriendo pesadez en el ojo, continuos dolores de cabeza y una insoportable fotosensibilidad. Cada vez que salgo a la calle, debo hacerlo con una gorra para protegerme de la luz, ya que el ojo se me cierra automáticamente, y con tanta violencia, que esto me provoca nuevamente dolores de cabeza.

En casa permanezco casi todo el día con las persianas bajadas, porque apenas puedo soportar la luz.

Imagino que esto será un proceso temporal. MI ojo lleva tantos años sin tener que enfrentarse a la luz directamente, que ahora debe volver a adaptarse. Pero el proceso está siendo lento, duro y tedioso.

Y por si esto fuera poco, he notado que la pesadez que se apodera de mis ojos y mi cabeza, últimamente hace que me cueste un terrible esfuerzo hasta el mero hecho de pensar. Cosas que antes me salían de forma tan natural como respirar, ahora me cuestan un esfuerzo doble.

Todo esto no me preocuparía en exceso si no fuese por el hecho de que al leer mis propios escritos, mis textos, posts publicados en el pasado, hacen que me replantee si soy capaz de volver a escribir como lo hacía. Intento escribir, aunque solamente sea simples e-mails, y me cuesta trabajo hasta el hecho de pulsar las teclas correctamente.

Desearía escribir textos coherentes, ingeniosos, como siempre he intentado hacer… Y en cambio me veo incapaz.

Esto me asusta. Me asusta mucho… Solamente ruego porque se trate de algo temporal y las palabras no me hayan abandonado para siempre.

Os escribo como desahogo, y porque creo que si lo saco de mi cabeza tal vez sirva como una especie de exorcismo. SI lo comparto con vosotros, tal vez la carga no sea tan grande y poco a poco vaya disminuyendo.

Intentaré seguir escribiendo. Mientras tanto, un abrazo a todos y que disfrutéis del verano.